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Historia
Santa Brígida reclama su titulo de Invicta y Heróica, por vencer al Holandes PDF Imprimir E-Mail
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lunes, 03 de mayo de 2010

Por unanimidad, los diecisiete concejales del Ayuntamiento de la Villa de Santa Brígida, acordaron solicitar los títulos de INVICTA Y HEROICA para nuestro municipio, en función del trascendental papel que jugaron nuestros antepasados en la Batalla que se libró en el Monte Lentiscal, contra el Holandés Van der Does, en el año 1599.  Esta solicitud que se formulará ante la Consejería de la Presidencia del Gobierno de Canarias, se fundamenta con una memoria que destaca razones históricas, culturales y sociales. Invicta porque, según la Real Academia de la Lengua, significa: Nunca vencida, siempre victoriosa y responde en buena medida a las circunstancias de su devenir histórico, por haber participado activamente en defensa de la isla y de España, con vigorosa resistencia y gran heroicidad durante la batalla del Lentiscal. Y Heroica porque se reconoce en la hazaña protagonizada por aquel valiente capitán Cipriano de Torres (1560-1599), hijo y orgullo de este municipio satauteño, quien pagó con su vida las consecuencias de una lucha desigual por la libertad de la gente de estas tierras.

 

Image Pedro Socorro Santana  

Cronista Oficial de la Villa de Santa Brígida

MEMORIA PARA LA OBTENCIÓN DEL TÍTULO DE ‘INVICTA y HEROICA’ VILLA DE SANTA BRIGIDA

RESEÑA HISTORICA  DEL ATAQUE DE LA GRAN ARMADA HOLANDESA

En junio de 1599, hace 411 años, Las Palmas sufrió el ataque y el asedio de una poderosa flota holandesa, compuesta por setenta y cuatro barcos de guerra y un gran ejército de tierra, al mando del general frisón Pieter van der Does (Leiden,1562-Santo Tomé, 1599). Se trataba de la mayor escuadra enemiga que jamás se haya visto por sus aguas. Los hechos tuvieron lugar entre los días 26 de junio y 8 de julio. Los días 3 y 4 de julio las fuerzas holandesas fueron derrotadas por las milicias canarias en el Monte Lentiscal, en el lugar de La Vega, como se conocía en la antigüedad a la actual Villa de Santa Brígida.

Los acontecimientos del ataque naval holandés a Las Palmas quedaron recogidos por los historiadores antiguos en estas islas y por los cronistas holandeses de la época e historiadores como don Antonio Rumeu de Armas  (1912-2006) en su libro Invasión de Las Palmas por el almirante holandés Pieter Van Der Does, sobre importantes, y, también, exhaustivas fuentes documentales e historiográficas isleñas, nacionales y holandesas.

ImageNo vamos a repetir las fases de lucha, pues son sobradamente conocidas y han sido minuciosamente descritas por el citado e insigne autor. Pero pese a nuestro propósito simplificador, no debemos silenciar en este trabajo algunas intervenciones de los vecinos de Santa Brígida, según el relato que sobre los hechos se formularon posteriormente, y que hacen a este pueblo acreedor de un gran coraje y heroísmo. 

A finales del siglo XVI los Países Bajos se hallaban en plena rebelión contra la dominación española, en aras de obtener la independencia. La poderosa flota de Holanda y Zelanda había colaborado con los ingleses en las expediciones navales organizadas por Isabel I de Inglaterra (1533-1603) contra España. En febrero de 1599 se prohibió todo comercio y España cerró sus puertos a los buques holandeses. Entonces Holanda organizó una importante escuadra para atacar a los puertos y dominios españoles. Para dirigir tal empresa fue designado por los Estados Generales de los Países Bajos, Pieter van der Does, general de Artillería.

La escuadra completa de 73 navíos, a la que más tarde se unió otro gran barco, zarpó de Flesinga el 28 de mayo de 1599, luciendo en sus mástiles las inconfundibles insignias naranjas, blancas y azules. Lenta y majestuosa, la armada llegó a la vista de Canarias el 25 de junio y al amanecer del día siguiente se plantó con una interminable fila de enormes galeones en la bahía de las Isletas, frente a la ciudad de Las Palmas en actitud ofensiva. La columna de humo que enseguida ascendió de la Isleta advirtió a la isla de Gran Canaria del gran peligro que la amenazaba. Rápidamente comenzó la ciudad a organizar su defensa.

Las Palmas era entonces una de las ciudades más prósperas del Atlántico, con una extraordinaria circulación de monedas de plata indiana, gracias a su aventajada posición en el comercio americano, un boyante contrabando y tráfico de esclavos y una fértil industria de azúcar y malvasía como para contar entre su población, junto al grueso de los españoles e isleños, con un mosaico de genoveses, flamencos, holandeses, ingleses, franceses, bretones y normandos. De esa riqueza sabía el general holandés, a juzgar por sus exigentes peticiones ulteriores. De momento formaba un amenazante hilera de galeones sobre la bahía con sus 12.000 hombres entre marineros y soldados, asomando por los costados las negras bocas de sus cañones.

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Felix Martín Arencibia, un escritor incansable PDF Imprimir E-Mail
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miércoles, 28 de abril de 2010

Extraños Dragones en Timafaya

 ImagePedro Socorro Santana

 Cronista Oficial de la Villa de Santa Brígida

La mañana de domingo que el vecino Félix Martín Arencibia tuvo la deferencia de invitarme a participar en la presentación de su libro Extraños Dragones en Timanfaya, en esta sala de Lola Massieu, incurrí en la debilidad de aceptar sin que mediase por mi parte regateo alguno y sin yo hacer un inventario o repaso de mis posibilidades. Ante su invitación recordé las veces que en el internado de monjas de la Casa del Niño, donde me crié al quedar huérfano, los cuentos que nos relataban por las noches y los consideré, muy a la ligera, respaldo a mis posibilidades. Luego, más tarde, al recordar que nunca tuve un libro de literatura infantil propio, me encontré con una realidad que en buena parte me amilanó mi inicial euforia y buena voluntad.

ImageDe todos modos, ¿Qué importancia puede tener lo que vamos a consignar?, porque siempre se ha creído que el autor es la persona más llamada a presentar su obra. Félix Martín Arencibia vino, no obstante, a mi rescate al regalarme hace pocos días su nuevo trabajo que hoy, Día del Libro,  presentamos, al tiempo que enviaba a mi correo las críticas de conocidos escritores canarios que han analizado magistralmente todo cuanto sus obras se refiere, pero que apenas repasé, pues si no quería repetirme estaba obligado a discurrir por nuevos senderos. ¿Cuáles?. Era hoy mi dilema.

Pensé que yo, en mi condición de cronista oficial de Santa Brígida, estaba en condiciones de disertar lo mucho que este pueblo ha inspirado a escritores y poetas, como aquel insigne historiador y naturalista Viera y Clavijo, que hospedado en la vieja hacienda de San José de Las Vegas, trasladó a Santa Brígida un soneto que empieza así:

Ved aquí un paraíso sin serpiente

Donde no hay fruta prohibida,

Donde todo árbol es árbol de vida,

Su Adán agricultor, su Eva inocente.

Un paraíso rural que también fue refugio de un niño llamado Benito Pérez Galdós, cuando huyó con su familia, aquel lejano año de 1851, de una epidemia de cólera morbo. ImageContaba entonces con tan sólo ocho años, pero ya con edad suficiente para atisbar que algo grave estaba ocurriendo en su entorno familiar de la casa del Monte. Y así fue como en sus novelas y en sus episodios brotaría más tarde el apunte lastimoso sobre aquella enfermedad, que si bien dispersa por el conjunto de su obra, constituyen posiblemente el tratamiento más completo sobre esta epidemia realizado por un escritor.

Santa Brígida fue también el lugar que acogió el último aliento de nuestro poeta Alonso Quesada, fallecido en una casa de la plaza de Doña Luisa en una noche de invierno de 1925, cuando concluía esos días, en medio del decaimiento de su enfermedad, Los caminos dispersos, que fue presentado al Premio Nacional de Literatura de ese año. Y aunque su nombre sonó entre los miembros del jurado el premio recayó finalmente en la obra de Alberti.

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El barrio de la Atalaya, prepara un homenaje a Mariquita la Partera PDF Imprimir E-Mail
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sábado, 17 de abril de 2010

La AAVV Cataifa del barrio de La Atalaya desea poner el nombre de la nueva Plaza que se construye en su pago a una de sus vecinas más queridas, Mariquita Benítez Ortiz (1879-1966), La Partera. El Cronista Oficial de la Villa de Santa Brígida, Pedro Socorro Santana, ha indagado sobre su vida y traza el perfil de aquella mujer que hasta poco tiempo antes de su muerte ayudó a traer al mundo a cientos de nuevos hijos de Santa Brígida y pueblos limítrofes.

 MARIQUITA BENÍTEZ LA PARTERA

Image Pedro Socorro Santana 

Cronista Oficial de la Villa de Santa Brígida

En una noche de luna llena de 1930 Mariquita Benítez la partera dormía plácidamente, cuando alguien llegó con la noticia de que una muchacha del pago de La Culata se había puesto de parto. Sobre la marcha,  Mariquita dejó el sueño recostado en la almohada y salió rápidamente por el camino del Peñón, rumbo a la casa de la parturienta. Cuando por la mañana regresó a su casa había ayudado y tenido ya en sus brazos a un nuevo hijo de La Atalaya y le había oído berrear lindamente, entre el corrillo de mujeres, nerviosas y expectantes, toallas y palanganas de agua caliente.

Image María de los Ángeles Benítez Ortiz, conocida popularmente en su barrio como Mariquita La Partera, nació el 28 de febrero de 1879 en el municipio de Valsequillo. Allí se casó con el talayero Juan Gutiérrez Vega, asentándose posteriormente en el barrio de La Atalaya, en Santa Brígida.

Mariquita era una mujer fuerte, de esas criadas en el campo y con todas las condiciones para una larga vida. Sin embargo, su existencia no fue un camino de rosas. Fue una de las tantas mujeres abandonadas por el fenómeno de la emigración. Su marido, a comienzos del siglo XX, cogió la maleta, se embarcó a Argentina, y nunca más regresó a la isla. La dejó en total desamparo con cuatro hijos pequeños: Carmen, María, Juan y Antonio Gutiérrez Benítez, el menor de apenas cuatro meses, que le dieron siete nietos, 18 biznietos y unos cuantos tataranietos.

Su vida fue muy dura tras la marcha de su esposo. Aún contando con el apoyo de sus parientes, Mariquita debió asumir la responsabilidad familiar. Y para esto, no todas las mujeres estaban preparadas, pues eran funciones a las que sólo tenían que hacer frente ante la ausencia del cabeza de familia. Ella afrontó la situación en soledad, pero sin desmayo, desempeñando algún que otro trabajo remunerado, como vender huevos frescos en la ciudad, llevándolos en una cesta sobre su cabeza, sin más medio de transporte que sus pies. Durante este tiempo también se había empleado como ama de cría de la familia de Mr. Pavillard, con residencia en Tafira, en donde amamantaba a los gemelos de esta adinerada familia debido a que tenía, por su aspecto saludable y gran robustez, especiales dotes para la crianza.

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El viejo horno del Madroñal, camino de ser un BIC PDF Imprimir E-Mail
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sábado, 10 de abril de 2010

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El Cabildo Insular de Gran Canaria, ha iniciado el procedimiento para la declaración de Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, a favor del Horno de ladrillos y tejas, situado en El Madroñal.  Así lo ha publicado el pasado miércoles 7 de abril, el Boletín Oficial de Canarias, donde se recoge un amplio informe técnico del Servicio de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo, en el que se describe  a esta  antigua infraestructura industrial, que proporcionó  ladrillos rojos y tejas a una gran cantidad de edificaciones de la zona durante varias décadas del principios del siglo pasado.

Esta propuesta, fue elevada al Consejo Municipal de Patrimonio Histórico de Santa Brígida en el mes de julio del pasado año, por el Cronista Oficial de la Villa, Pedro Socorro Santana, ante el peligro de desaparición por las alteraciones del terreno, el paso del tiempo y la cercanía de la carretera.

El Bien de Interés Cultural ocupa un área de 155,20 metros cuadrados, y tiene un perímetro lineal de 51,70 metros.

Fuentes orales fechan su construcción en los años 1920

Se trata de una construcción de planta cilíndrica de unos 9 metros de altura, y 3 metros de diámetro de la cámara interior. La estructura fue levantada con ladrillos de 25 cm de largo y 8 cm de canto. El remate interior de la parte alta del cilindro forma una semibóveda que presenta el extremo superior abierto para evacuación de humos y tiro de la cocción. Parte del interior conserva restos de enfoscado de barro, para mejora de las condiciones térmicas de la estructura.

ImageEn el exterior, el horno remata la parte alta a modo de escalones circulares que van reduciendo el diámetro de mayor a menor, permitiendo acceder al control de la salida y tiro de la estructura para su regulación durante la cocción. Estos escalones se ejecutaron con ladrillos que forman anillos perimetrales en la parte

superior del horno, parcialmente revestidos con cal hidráulica, bajo los cuales se encuentra la obra de mampostería que sirve de estructura al horno.

La construcción de la estructura se realizó en un talud o desnivel del terreno, de manera que la parte alta quedó encajada en la pendiente y desmonte, mientras que la parte baja, exenta, fue reforzada mediante la construcción de contrafuertes de sillares y mampuesto irregular, de unos ocho metros de altura y tres de ancho, desde la base, hasta el arranque de la bóveda, dándole una mayor estabilidad. Los contrafuertes sirvieron para apoyo y trazado de los escalones que dan acceso a los diferentes ojos del horno.

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NI LA CURVA ES DE OLARTE NI CARMELO VEGA TIENE UNA ROTONDA PDF Imprimir E-Mail
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miércoles, 20 de enero de 2010

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Cronista Oficial de la Villa de Santa Brígida

Los nombres de lugar constituyen uno de los rastros más elocuentes y duraderos de la historia de un territorio. Muchos de estos topónimos los aprendimos sin querer, como quien aprende a respirar, oyéndolo de nuestros mayores. Y los repetimos por inercia, sin detenernos a preguntarnos por su origen ni a degustar su significado.  “A través de ellos”, en palabras del profesor e investigador Maximiano Trapero, “podemos conocer su propio origen, su naturaleza y constitución de los distintos grupos étnicos que sucesivamente se han asentado en él”.

ImageLamentablemente, los viejos topónimos fijados por la tradición no se limitan a nacer e incorporarse al uso. También, como cualquier ser vivo, desaparecen o son sustituidos por otros nombres, a veces como consecuencia de la ignorancia de la gente o porque, sencillamente, van perdiendo la razón de su existencia. Así, nos encontramos como la curva de Olarte, que nomina ahora un lugar concreto de la carretera del Centro (GC-15, P.K. 7,950), justo antes de alcanzar el barrio de El Madroñal, ha sustituido al antiguo y evocador topónimo de la Vuelta del Horno, por el que rompo una lanza desde estos renglones grávidos de nostalgia.

De pronto La curva de Olarte se ha salido de madre y su eco se ha esparcido con rapidez por campos ajenos, favorecida por el hecho de que el viejo horno aún existente, una curiosa construcción cilíndrica de nuestro patrimonio histórico-cultural, apenas se ve. Cada día resulta más difícil ver su impronta en el paisaje por la presencia de arbustos a su alrededor. Pero me resulta una denominación innecesariamente nueva y absurda que solo hace referencia al último propietario de la emblemática residencia victoriana que asoma al borde de la carretera, que ya ha acogido entre sus paredes a diferentes moradores. Lo bonito y lo legítimo era la antigua y singular denominación de La Vuelta del Horno que siempre hemos estado oyendo y que ha gozado de un valor cultural que ahora pasamos por alto, sin caer en la cuenta de que en verdad responde a la existencia del horno que dio nombre a esa vuelta ascendente. Ojalá que si no se lograse conservar su nombre goce al menos de la protección y cuidado que se merece, pues se trata de la obra más grande  de la isla de esas características. Una actividad económica muy antigua y que se encuentra representada por otros topónimos existentes aquí y allá, como los casos de El Tejar, en el barrio de La Angostura, o el Horno de la Teja, en San José de las Vegas.

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