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El Mercadillo Local vitaliza la vida social de los fines de semana PDF Imprimir E-Mail
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viernes, 31 de octubre de 2008
Como cualquier pueblo que se precie de ser de campo, de tener una buena agricultura y su correspondiente ganadería, Santa Brígida abre los fines de semana un mercadillo agrícola artesanal, que oferta además de sus mejores productos, un trato humano y hospitalario a una clientela fiel.

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S.Q. 

Nuestra ubicación estratégica de cercanía a la gran ciudad, a solo 14 kilómetros y menos de 20 de minutos de coche, nos proporcionan todos los fines de semana un movimiento de cientos de personas que se acercan a la búsqueda de la verdura fresca, la fruta del país, el queso artesanal, el pan del campo, los huevos de corral, el producto biológico  y además el paseo por un Casco Antiguo y sus calles peatonales.

Los primeros productos del mercadillo, se vendieron en el mes de agosto de 1986, como fruto del trabajo desarrollado por una comisión impulsora conformada por Extensión Agraria, la Cámara Agraria, la FEMC, el Ayuntamiento y representantes de los agricultores y artesanos. Desde entonces, cada fin de semana, una veintena de familias, trabajan durante la semana, la preparación de los productos que en Imagemuchos casos cultivan con sus manos para venderlos entre el sábado y domingo. Su primera ubicación fue en el parque municipal, en la parte baja, junto a la hermosa Glorieta con suelo de picón y como techo una espesa arboleda, alternando en época lluviosa con un solar de la calle Nueva, junto a la parada de taxis,  donde ahora se levanta un edificio de viviendas y comercios. Llegaron a darse cita como vendedores, hasta casi una treintena agricultores de la zona, si bien hoy día permanecen una quincena de puestos que ofertan una variada oferta de productos que suponen un completo servicio para cubrir las necesidades de toda la semana.

Como cualquier domingo, el sol aparece por el este, que visto desde el Casco empieza calentando las viñas del Monte Lentiscal. Con los primeros y madrugadores clientes, empiezan a abrir los primeros puestos del mercadillo, tras un ajetreado sábado donde la jornada fue de sol a sol. El domingo solo se abre al público hasta la dos de la tarde. Al frente, atravesando con la vista el parque infantil con diseño de Agata Ruiz de la Prada, vemos a Coralia Pérez, mujer joven, de buen porte que lleva el puesto que abrieron sus padres, Teodoro y Mercedes, hace casi 23 años. Es un negocio de la familia, todas sus hermanas han pasado por allí, para echar un cabo. No solo venden frutas y verduras, sino que tiene quesos, hierbas medicinales y hasta escobas de pita. Comparte especialidad de frutas, verduras y hortalizas con varios puestos más, todos con un buen surtido de lo más fresco de la zona. A la izquierda de la entrada,  está el puesto de los productos biológicos, nos atiende Amor Rosales, que ImageImagelleva unos cinco años “cada vez la gente valora más que merece la pena invertir en la salud con productos sanos”. Tiene a la venta frutas y verduras según la época, productos elaborados como las pastas y los vinos o naturales como la sal marina, “pero siempre con el registro sanitario correspondiente”.

La zona de las flores, se despliega junto a la Glorieta del parque. Hermosas, llenas de colorido. A un lado Marcos y Clara Rosario, dos hermanos que viven el mundo floral como un arte. El puesto lo empezó su hermano Angel desde que abriera el mercadillo la primera vez, ayudado por su madre María del Pino Súarez que jubilada sigue echando todavía un buen cabo. Aquí encontramos flor cortada, planta ornamental, arboles frutales y hasta productos fitosanitarios. Pasando la escalera central, que comunican los parques, está María Armas, otra veterana del mundo de las flores, que tiene su propio vivero y trabaja tanto la flor cortada como la planta ornamental y árboles frutales. María, también pionera del mercadillo, ha incorporado a la venta, figuritas de jardín, que le dan un toque mágico a su puesto. ImageImage

Como artesanos, solo nos encontramos a Paula Dacruz, una argentina afincada en la zona, que trabaja la bisutería, con materiales tan variados como el cristal, algo de cuero y cerámica y metales. Vemos desde zarcillos, pulseras o móviles atrapasueños.

Otro producto estrella del mercadillo es el pan y los dulces. Tenemos tres puestos específicos. Uno de ellos es el de Jerónimo y Andrea Alonso, que hoy día lo lleva su hijo Luis. Aunque vende cientos de panes de la panadería de Los Silos, dulces o bases de pizza su especialidad es el Gofio, tanto de millo del país como millo argentino. Otro de estos puestos golosos es el de Felipe Santana y su esposa Delia Montesdeoca. Es el preferido de los niños, porque tiene una parte repleta de toda clase de golosinas, y entre remo y columpios, piden a sus padres y madres que les compre la chocolatina, el chupachú o huevo Kinder. El puesto de Felipe, por lo visto enamora. Empezó casi de niño en el mercadillo con su padre, Valentín Santana, que fuera concejal del ayuntamiento y hombre comprometido con su pueblo en el que promovió junto a otros el propio mercadillo agrícola artesanal del que estamos hablando. A los 14 años, se independizó del puesto de agricultor de su padre y abrió el de panes y dulces que hoy regenta. Debió ser su trato afable, el que prendió la llama en una de sus clientas habituales, Delia, que se comprometieron y en tres años se casaron. Hoy siguen llevando juntos un puesto al que han añadido panes y dulces alemanes y otro de repostería integral y productos naturales

ImageImageImageImageOtro destacado puesto es el del queso de Pinona, que tiene un surtido de lo más variado, donde podemos probar desde un queso tierno fresquito hasta lo curados que de duros se resquebrajan cuando los atraviesa el cuchillo.

Toda esta amalgama de productos de la tierra, de olores, de sabores, se mezcla en un ambiente alegre y bullicioso de un público relajado de distintas procedencias de la isla. “Venimos casi todos los domingos, por la mañana” señalaba un matrimonio mayor acompañados de dos nietos y su hija. “Tenemos aparcamiento cercano y cómodo, compramos y seguimos nuestra ruta hacia la cumbre o Teror, según nos cuadre”. El parque infantil ha sido recientemente remozado, cambiando el viejo mobiliario de juego por uno nuevo con diseño de Agata Ruiz de la Prada. “Mi hijo de 4 años, los domingos se levanta pidiéndonos la visita de los columpios de Santa Brígida, y a nosotros nos viene bien como desconexión de la ciudad”, señalaba otra pareja de asiduos clientes del mercadillo.

Una sonrisa, una broma sencilla al cobrarte la compra, un gesto de confianza cuando te falta varios céntimos para cubrir la cuenta “no te preocupes, me lo pagas otro día”, son detalles de la calidez de un trato exquisito que ofrecen los puesteros del mercadillo de Santa Brígida, que lo han convertido en un lugar agradable de ambiente familiar, en que desde hace casi 23 años se vive la experiencia del comercio cercano al agricultor. 

 
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