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En Santa Brígida
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En Santa Brígida °C

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LA MANSIÓN DE LOS SARMIENTOS PDF Imprimir E-Mail
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jueves, 17 de febrero de 2011

ImageCronista Oficial de la Villa de Santa Brígida

A la salida del pueblo, dejando atrás la Vuelta del Pino y en la margen derecha de la carretera del Centro, se encuentra una mansión abandonada, ruinosa, que en su día fue uno de los palacetes más notables y bellos de la comarca, propiedad de don José Sarmiento Pérez (1885-1939), corredor de comercio y su esposa, doña Dolores de Armas Gourié, descendiente de una  familia acomodada que fundara las destilerías de ron Arehucas. Cada día, tímidamente o vergonzantemente, la casona, con predio arbolado, ha ido cayendo en la desolación. Ni lustres de blasones, ni brillos de apellidos, ni recuerdos de viejas grandezas han detenido este triste destino de una casa receptáculo de visitas y galanteos, intrigas y amores y de alcaldes que en ella tuvieron morada.

ImageLa historia de la casa comienza en 1919 cuando don José Sarmiento, rico propietario en  esta Villa, encomendó a su cuñado, Laureano de Armas Gourié (1890-1947), ingeniero mecánico, que realizara los planos y la obra necesaria para ampliar una pequeña casa que allí se encontraba. Pues bien, Laureano de Armas, formado en la  universidad de Zurich y casado con Emmy Smidt, puso a prueba todo su arte, pues al margen de su condición de ingeniero, cultivó con singular acierto la arquitectura. A él pertenecen edificios tan sobresalientes como el convento de las Dominicas (Teror), la mansión de don Agustín Manrique de Lara en San José de las Vegas o el Parque Municipal y el edificio del Matadero, ambas obras públicas realizadas entre los años 1940 y 1945.

Arquitectónicamente sus obras ofrecen una destacada singularidad, un sello propio, un signo de distinción y de calidad. Una de las calles de la ciudad lleva el nombre de este prestigioso ingeniero que fue presidente del Cabildo de Gran Canaria (1927-1929) y concejal del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria en 1927, presidente del Sindicato Agrícola del Norte y de la Junta Administrativa de Obras Publicas de Las Palmas y, además, uno de los fundadores del aeroclub de Gran Canaria. Agustín Juárez Rodríguez, autor del libro La arquitectura de Laureano de Armas Gourié, dice de él que ha sido el mejor restaurador de las peculiaridades arquitectónicas del llamado estilo canario, con una sabiduría técnica envidiable y un cuidado diseño que llegaba hasta sus últimos detalles.

ImageDurante un año, entre 1919 y 1920, contábamos, decenas de obreros, a las órdenes de don Laureano, pusieron mano a la obra con los mejores materiales de construcción de la época y en apenas un año convirtieron aquella parcela de accidentada orografía en un lugar agradable, con la presencia de jardines y bella arboleda, caminos y paseos de cantos rodados y cantería azul, templetes, fuentes, escaleras de acceso a diferentes puntos, pérgolas o miradores hacia el pueblo para el disfrute y el sosiego de la familia de su hermana Dolores y su cuñado. Don Laureano le dio vida al conjunto. A partir de entonces el paraje quedó dominado por un gran palacete, con diferentes volúmenes edificatorios que se amoldan a la montaña de forma escalonada en una acertada composición arquitectónica de galerías en la planta superior, patios y balcones canarios con tejados a cuatro aguas, muy propios de la forma de trabajar del citado ingeniero. Más al sur, apartada del edificio principal y con entrada desde la carretera de Pino Santo, se proyectó y edificó la casa del mayordomo y el servicio de la casa, que se acopla perfectamente en el espacio, formando un conjunto muy bien planificado, mientras que varias cuevas horadadas en la montaña sirvieron de bodegas, almacenes, etc.. Y que su dueño dejó a la familia de su mayordomo. Image

Personaje. Don José Sarmiento era uno de los señorones del pueblo, con chófer y amplio servicio doméstico. Nuestro hijo ilustre e historiador, Francisco Morales Padrón (1923-2010) cuenta en su libro Adviento de Adolescencia que este vecino disponía incluso de un personal reclinatorio en la parroquia de Santa Brígida para oír la misa. Y es que cada cual poseía entonces un sitio en la iglesia, como también lo tenía el comerciante don José Suárez Quesada o don José Cabrera Ramírez, el dueño del molino y uno de los empresarios emprendedores del pueblo, fundador de la Compañía de Automóviles de Santa Brígida en 1928. El primero de ellos, nuestro personaje, participó también en la política grancanaria, pues lo vemos figurar de concejal con don José Mesa y López en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria en torno a 1929.

ImageDurante su matrimonio con doña Dolores de Armas Gourié tuvo cuatro hijos: María del Pilar, Mercedes, José Miguel y Alfonso Sarmiento de Armas; la mayor de sus hijas se casó con Francisco de Asís Fiol Pérez, distinguido profesor de la Escuela de Comercio y alcalde que fue de Santa Brígida entre 1941 y 1945. Don José no vería gobernar este municipio su yerno, pues a partir de 1938 enfermó gravemente y, un año después, concretamente al anochecer del jueves 5 de abril, murió en su mansión de la Vega de Enmedio, acompañado de su familia, entre los que se encontraba su cuñado, el médico Severino de Armas Gourié, vecino de El Monte. Hacía cuatro días que había concluido la guerra civil. Un conflicto que partió España en dos y en la que su hijo mayor, José Miguel, resultó herido de balas en el frente de batalla.

Obituario.- El periódico La Falange, dirigido por su yerno, Francisco Fiol, publicó en sus páginas una pequeña pero sentida  reseña tres días después de su óbito
            “En la madrugada del jueves entregó su alma a Dios en su residencia de Santa Brígida, después de recibir los Santos Sacramentos y la Bendición Apostólica, y rodeado del cariño de los suyos, el que en vida fue prestigioso corredor de Comercio, don José Sarmiento Pérez. Una larga y penosa dolencia venía minando su naturaleza fuerte y vigorosa hasta el fatal desenlace que, aunque esperado, ha llenado de dolor a sus familiares y amistades. Puede decirse que la ciudad entera de Las Palmas ha compartido la pena. Con cristiana resignación, don José Sarmiento supo soportar su enfermedad, y desde su retiro, con la energía de su carácter, su gran capacidad comercial y su talento poco común seguía la marcha de los negocios que desde su juventud dirigía con singular acierto y competencia.
            Su vida y sus actividades las consagró por entero al comercio y al hogar logrando en la primera una figura destacada y generalmente apreciada, contando con la confianza y consideración de los círculos Bancarios y Comerciales de la capital. En la vida privada fue siempre un excelente caballero dotado de un carácter franco y abierto. Padre ejemplar y esposo modelo, su vida en este aspecto hacía del hombre de negocios el perfecto cabeza de familia, y hombre de hogar. Sus sentimientos cristianos y su buen corazón supieron comprender siempre a los necesitados que en su figura noble y caballerosa encontraron apoyo y ayuda para remediarles. Identificado con su esposa en todo compartía con ella su benemérita labor social. Sus manos estaban siempre abiertas para el bien.
            Don José Sarmiento Pérez ha dejado la vida con imborrable de estimación, prestigio y una reputación bien ganada. La sencillez de su carácter la demostró hasta en el postrero instante de su vida, dejando encargado que su sepelio se realizara dentro de la mayor modestia y sin publicidad de su óbito. Por eso, la noticia de su muerte no fue divulgada hasta después de que su cadáver recibiera cristiana sepultara en el humilde Cementerio de la Villa de Santa Brígida en pobre ataúd.
            Hoy, al hacerse público su fallecimiento, la ciudad entera llorará al caballeroso y noble ciudadano que nunca supo de enemigos. Descanse en paz su alma y reciban su viuda doña Dolores de Armas Gourié; hijos, especialmente el camarada caballero legionario y mutilado José Sarmiento Armas y de forma especial su hijo político, el camarada Francisco Fiol Pérez, director de Falange, hermanos, primos, nietos y demás familia nuestro pésame más sentido por tan irreparable pérdida”.

ImageAquella casa construida con tanto empeño e ilusión ya no fue la misma desde entonces, y los intentos de venta de la mansión por parte de sus descendientes y herederos no han fructificado, siendo su estado actual de abandono.

Cantería azul de Arucas para los patios y escaleras interiores, cerámica para los suelos de las habitaciones, maderas de gran calidad, de barbusano, para las puertas, las barandillas de la escalera o las cubiertas, plata y bronce, tejas, chimeneas de diferentes materiales, baños con piezas de porcelana, fuentes, lámparas, salones privados con piano de cola, biblioteca particular, cuarto de costura, cuadros, cortinas, cristales y sedas, y hasta una capilla privada, dotada de objetos litúrgicos, ropas sacerdotales, campana y una gran cristalera, se reunieron para hacer de la casa-palacete de los Sarmientos una de las más notables del pueblo, muy al uso en aquellos momentos.

ImageCuesta un esfuerzo suponer esto al contemplar el estado actual de abandono de esta mansión con halo de misterio donde una densa vegetación envuelve a todo el conjunto y hasta las canchas y terrazas más próximas a la carretera. Tras  varias décadas de soledad y de esquilmos por parte de desaprensivos, el tiempo -que no pasa en balde- ha echado abajo, por si fuera poco, una de las torretas cuadradas. Ahí sigue muriendo sola, vacía de muebles, de vida, de sueños, de ilusiones, de alegrías y tristezas, una vieja mansión situada a las afueras de una nueva villa residencial sin culto al monumento ni a los viejos valores arquitectónicos. Ahí sigue la pequeña ermita, sin incienso ni oraciones, y allí los restos de las fuentes, mudas, sin agua, como arrastrada por un río de olvidos. 

 
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