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miércoles, 20 de julio de 2011

ImageSinfo Q:  Se despertó intrigado con el sueño que tuvo. Dos personas que parecían uno, pero eran dos. A los dos les llegó una misiva de despido después de dieciocho años de trabajo en la oficina de la constructora. El primero la leyó despacio, se tomó su tiempo y la volvió a leer dos veces más. Estaba claro, le comunicaban que la empresa no podía continuar manteniendo su relación laboral y bla bla bla… El segundo, según vio la cabecera, dio el primer resoplido. En la medida que avanzaba en la lectura, iba creciendo su indignación. No se lo podía creer, después de tantos años de sacrificio por la empresa, ahora le paraba sin más.  No lo permitiría, se planteo.

De repente habían transcurrido más de seis meses y ahí estaba el que leyó despacio la carta de despido, pintando de verde esperanza un pequeño local, donde pensaba abrir una asesoría de ideas novedosas. No le dio muchas vuelta a la carta que le cambiaría la vida. Se informó de sus derechos a paro y de la mejor manera de gestionarlos y se puso en marcha hacia lo que consideró una nueva etapa de su vida. En la sala de espera del laboralista, se impacientaba en su quinta cita el que resopló ante tamaña injusticia. No podía ser que el abogado le dijera que habían perdido en primera instancia, pero que se tranquilizara que recurrirían porque aquello estaba ganado. Tras una hora de espera explotó y se rindió. No podía seguir aquella lucha incierta otros seis meses  o quizás más. Bajó las escaleras abatido y salió a la calle. Cruzó el paso de cebra cabizbajo y el claxon de la guagua lo sacó de la espiral de negatividad en la que se estaba hundiendo. De frente se encontró con la nota en una puerta entreabierta con un mensaje: “Los optimistas son más sanos”.

Según entró percibió una sensación nueva. El verde le cambió el ánimo y se lo encontró de frente. Se miraron directamente a los ojos y se sostuvieron la mirada. Una mirada intensa, como de reconocimiento. Se acercaron y se fundieron en un abrazo cálido, afectuoso. Las energías de ambos fluyeron y se equilibraron. Perdieron la noción del tiempo, pero fue el suficiente para que al despertar le invadiera la serenidad y el gozo que da la paz interior de encontrarse con uno mismo.

 

20 de julio de 2011

 
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