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El Amor de mi vida y las albóndigas de Ñoñita PDF Imprimir E-Mail
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viernes, 19 de agosto de 2011
Image Antonio R.  Corría el año 1979 cuando con 16 años trabajaba en el Bar Tenderete, punto de encuentro de las noches de la Villa por aquellos tiempos. El bar que estaba en la calle Calvo Sotelo, era de Antonio Juan Benítez Martel, que junto a su esposa Celedonia Afonso Cardona, Ñoñita para todo el mundo, regentaban de una manera muy particular.

Ñoñita vivía en La Goleta de Arucas, en el Lomo San Pedro y él en lo alto del bar, que era la casa de sus padres. Anexo al bar tenía una tienda de aceite y vinagre y recuerdo que en esa época los huevos los traía todo aquel que tenía gallinas y los poníamos en un cereto.  Cuando venía Pepito del Gamonal a comprar huevos preguntaba, que si tenía huevos de gallinas negras. Antoñito le decía que no los conocía, que los cogiera él y luego me comentaba: « yo no sé si son de gallinas blancas o negras, solo sé que los más grandes se los lleva todos»

Ñoñita  trabajaba con la familia Cruz Mayor, aún trabaja, y cada viernes venía a Santa Brígida para ayudar el fin de semana y dejar tapitas hechas para el resto de la semana. Ella era y es una maravillosa mujer, una grandísima madre, que crió prácticamente sola a cuatro hijas: Miriam, Lourdes, Sonia y Estefanía, y una extraordinaria cocinera.

Los sábados y domingos al mediodía frecuentaban el bar una variada clientela, que habían logrado gracias a la labor de la cocina de Ñoñita. Pero el Bar Tenderete se caracterizaba, por ser el punto de encuentro de gente que le gustaba la parranda y siempre había un par de guitarras y algún timple, para aquel que quisiera parrandiar. Recuerdo que cada noche se reunía allí, Enrique Santana, Fernando el ronco, Alfonsito Ramírez, Martín…, en fin, perdonen si no los nombro  a todos, pero estos eran los más asiduos. Aquellas veladas se prolongaban hasta las cinco o seis de la mañana y cada noche, Antoñito se retiraba a las dos o tres y me decía que cerrara yo, ¡imagínate con 16 años! Ñoñita siempre dejaba, croquetas para freír, estofado, albóndigas de las que hablaremos luego, cosas fáciles de terminar y cada noche me daba la madrugada esperando que aquellos parranderos se cansaran antes que yo.

A la mañana siguiente regresaba para limpiar y preparar el bar, atendiendo algún café o copa a los pocos visitantes que teníamos mientras que el sol hacía presencia. A las cuatro de la tarde o algo así, regresaba a mi casa hasta las ocho o nueve de la noche que me incorporaba otra vez al bar. Manolo el peninsular, hijo de Placidito el taxista era mi amigo inseparable de esa etapa de mi vida, Una tarde vino a buscarme cuando salía y al pasar por el Parque Municipal había un grupo de chiquillos y chiquillas y nos acercamos a noveleriar, resultando ser una excursión de un pueblo de Guía, Montaña Alta.  Había una niña que cuando la vi, una bandada de mariposas atravesó mi flaca barriguita y se instalaron sobre mi ombliguito. Intenté saber de ella pero no estaba por la labor, así que recurrí a varios chicos y chicas a fin de conseguir su dirección con resultado positivo. Le envié una carta que respondió y después de algunas más, la fui a ver. Desde entonces es mi compañera de viaje, la que aguanta mis tormentas, mis fatigas, mis malos humores, la que me ha dado dos hijos extraordinarios, con la que quiero envejecer y algún día, en el Barranco del Pinar, sentados en ese patio que avista barrancos y montañas de Guía, cuando nuestros cabellos estén blancos y nuestros cuerpos ya cansados, viendo corretear a nuestros nietos, recordemos que gracias al Bar Tenderete se unieron nuestros caminos. En memoria del aquel bar y sobre todo de Ñoñita, haremos sus albóndigas con unas papitas de las tierras de Cecilio Medina, mi suegro, y rezaremos una oración por aquellos que ya no puedan disfrutarlas con nosotros.

Para LAS ALBÓNDIGAS DE ÑOÑITA necesitaremos UN kilo de carne de vaca picada, CUATRO dientes de ajo, MEDIA cebolla, MEDIO manojo de perejil, DOS huevos, UNA taza de pan rallado, sal y pimienta.

PARA LA SALSA precisamos de DOS cebollas hermosas, UN pimiento rojo, CUATRO dientes de ajo, OCHO o DIEZ tomates maduros, UN bote de guisantes, UNA hoja de laurel, VEINTE granos de pimienta negra, UNA cucharada de pimentón, UN vaso de vino blanco, Sal y Aceite, UN huevo, Harina y UNA cucharadita de azúcar.

SOFREIMOS los cuatro dientes de ajos y la media cebolla. Cuando pochen añadimos la carne junto con el perejil picado finamente, salpimentamos, añadimos los huevos y el pan rallado, revolvemos y dejamos reposar una hora.

Hacemos una fritura con las cebollas, los ajos y el pimiento, más tarde añadimos el vino y cuando reduzca un poco, los tomates triturados o rayados, el laurel, la pimienta, el pimentón y el azúcar.

Mientras se va cociendo, formamos las albóndigas, las pasamos por harina y las freímos en aceite. Cuando estén, las incorporamos a la fritura junto con los guisantes. Si la salsa nos parece poca, añadimos un poquito de agua y la dejamos quince o veinte minutos de cocción. Las acompañamos con unas papitas sancochadas, mejor si son King Ewuard, en Barranco del Pinar le decimos Chineguas, y buen provecho.

Recuerdos para todos los que hicieron del Tenderete un punto de encuentro, un recuerdo especial para Marcos el zurdo que durante muchas noches nos dejo su huella de calidad, que más tarde repartiría por todo el archipiélago, un besito para Ñoñita.  Y venga, vámonos a la mesa que se enfrían: ¡Coman y mojen pan!

 
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