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Declarado el BIC del Horno de Ladrillos y Tejas situado en El Madroñal PDF Imprimir E-Mail
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jueves, 12 de junio de 2014

El Gobierno de Canarias ha aprobado el decreto por el que se declara Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, el Horno de Ladrillos y Tejas situado en El Madroñal, en el municipio de Santa Brígida, en Gran Canaria.

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S.Q.-  El Gobierno de Canarias ha aprobado el decreto por el que se declara Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, el Horno de Ladrillos y Tejas situado en El Madroñal, en el municipio de Santa Brígida, en Gran Canaria. Poco más de cuatro años ha tardado en aprobarse este decreto después de que el Cabildo Insular de Gran Canaria, iniciase en el año 2010 este procedimiento para la declaración de Bien de Interés Cultural, con un amplio informe técnico del Servicio de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo, en el que se describe  a esta  antigua infraestructura industrial, que proporcionó  ladrillos rojos y tejas a una gran cantidad de edificaciones de la zona durante varias décadas del principios del siglo pasado.

Antes, en Julio de 2009, el Cronista Oficial de la Villa, Pedro Socorro Santana, se lo propuso al Consejo Municipal de Patrimonio Histórico de Santa Brígida, ante el peligro de desaparición por las alteraciones del terreno, el paso del tiempo y la cercanía de la carretera. Un Bien de Interés Cultural (BIC) ocupa un área de 155,20 metros cuadrados, y tiene un perímetro lineal de 51,70 metros.

Fuentes orales fechan su construcción en los años 1920 

Se trata de una construcción de planta cilíndrica de unos 9 metros de altura, y 3 metros de diámetro de la cámara interior. La estructura fue levantada con ladrillos de 25 cm de largo y 8 cm de canto. El remate interior de la parte alta del cilindro forma una semibóveda que presenta el extremo superior abierto para evacuación de humos y tiro de la cocción. Parte del interior conserva restos de enfoscado de barro, para mejora de las condiciones térmicas de la estructura.

En el exterior, el horno remata la parte alta a modo de escalones circulares que van reduciendo el diámetro de mayor a menor, permitiendo acceder al control de la salida y tiro de la estructura para su regulación durante la cocción. Estos escalones se ejecutaron con ladrillos que forman anillos perimetrales en la parte superior del horno, parcialmente revestidos con cal hidráulica, bajo los cuales se encuentra la obra de mampostería que sirve de estructura al horno.

La construcción de la estructura se realizó en un talud o desnivel del terreno, de manera que la parte alta quedó encajada en la pendiente y desmonte, mientras que la parte baja, exenta, fue reforzada mediante la construcción de contrafuertes de sillares y mampuesto irregular, de unos ocho metros de altura y tres de ancho, desde la base, hasta el arranque de la bóveda, dándole una mayor estabilidad. Los contrafuertes sirvieron para apoyo y trazado de los escalones que dan acceso a los diferentes ojos del horno.

Un horno de dos cámaras 

En altura el horno está dividido en dos cámaras. La más baja, la hornilla, era donde se formaba la hoguera de leña que daba combustión a los ladrillos y las tejas. La hornilla, se encuentra por debajo del nivel de la rasante del terreno, para lo que se realizó una pequeña escalera de acceso, bordeada de un muro que protege el inmueble, que conecta con el ojo o hueco de carga de la leña, de unos 90 cm de diámetro, con recercado de ladrillos, denominado boca.

La cámara de la hornilla está separada del resto del cubo, mediante la parrilla elaborada con piedra y vigas, que permite el paso del calor y sirve de soporte para aguantar la carga de la cocción.

Por encima de esta boca y alineados se sitúan dos ojos más, destinados a cargar en altura las tejas y ladrillos para la cocción. Para acceder al hueco de carga superior se construyeron las escaleras apoyadas en los contrafuertes, que mediante tableros a modo de andamios permitían la subida por un lado y la bajada por el otro, facilitando así los trabajos de carga de la cámara. Para el ojo del centro se colocaba, según describe la Memoria, una escalera de madera para la parte baja de la estructura.

Junto al horno se construyó un estanque circular para almacenar el agua necesaria para la elaboración de tejas y ladrillos. Ambas estructuras están unidas por un pequeño muro que las une. En el interior del depósito se construyeron unas escaleras de acceso. La obra del estanque está semienterrada y cuenta con una profundidad de unos tres metros aproximadamente.

La estructura se erigió para cocción de tejas y ladrillos de barro utilizados en las construcciones de inmuebles. El proceso de preparación y elaboración presenta préstamos culturales de las técnicas de alfarería tradicional.

El barro o arcilla debe reunir las características apropiadas para hacerlo válido en esta actividad, por lo que no vale cualquier tierra, debiendo proveerse de diferentes betas o lugares de extracción para ser transportado en animales de carga hasta la zona del horno. Además del barro se necesitan cantidades importantes de leña para la cocción, que procedía de las zonas altas de la Isla, y era traída por leñadores o arrieros que hacían de intermediarios.

Para la preparación de la arcilla, se procedía primero a partir y moler, limpiando, mediante el cribado las impurezas como piedras o restos de raíces, para obtener una pasta más fina, de mejor calidad, evitando también las fracturas durante la cocción.

Para fabricar la masa es necesario esponjar el barro, añadiéndole agua. Conviene prolongar el tiempo de esponjado para permitir un grano más fino. Sin embargo, en estos casos se va añadiendo agua a la arcilla hasta que esté saturada y no absorba más líquido.

En el amasado se preparaba mediante el pisado con los pies para una mejor mezcla, aunque también se hacía un terciado con la azada para facilitar la mezcla. El trabajo del pisado es un trabajo duro, ya que la mezcla se pega a pies y es necesario que la masa esté homogénea, empleando el tiempo necesario en función de la cantidad a preparar.

Una vez realizada la mezcla, el barro se trasladaba en artesa para un segundo amasado con las manos, para evitar que se quede cruda. Se separaban en pequeñas pellas que con las manos se introducían en los moldes para prensarlos con las manos y compactarlos con un rodillo. Adoptada la forma del molde se procedía a sacarlo y llevarlos al secadero, evitando que se mojara hasta que pasara por el horno. Normalmente se construían estructuras ligeras de chapas para proteger los ladrillos y las tejas de las lluvias, colocando las piezas sobre tablas para evitar que se deformaran durante el secado.

Una vez secos los ladrillos, cuyo período de tiempo dependía de la época del año (temperatura y humedad ambiente), se procedía a cargar el horno en altura de abajo hacia arriba usando escaleras auxiliares y las escalones adosados a la estructura. La colocación debe realizarse por un especialista ya que la cocción es la parte más crítica del proceso. Una vez cargado el horno se tapan los ojos de carga y se regula la salida superior para control del aire y de los tiempos de cocción. La alimentación de la leña por la boca del horno requiere de un seguimiento constante del estado y evolución del fuego. Se busca que la curva de temperatura sea lenta para lo que se va calentando poco a poco hasta alcanzar los grados que convierte a la arcilla en cerámica, siendo en las pastas canarias en torno a 600 grados centígrados.

En el caso de la preparación del barro para las tejas, el proceso es similar, añadiendo a la masa arenas finas de barranco, para desgrasante, que permite una mayor elasticidad a la masa, para que durante el secado y guisado ésta no se parta o agriete.

La estructura más fina y ligera de la teja obliga a ser cuidadoso en su elaboración y manipulación. Para darle forma se usaban varas de madera y se extendía con un raidero, que una vez estirada la masa daba el canto o grosor a la teja, dependiendo del tipo de varillas utilizadas. La forma curva se conseguía mediante la extensión del barro sobre el muslo, hasta alcanzar la forma deseada. Pero la solución más común era disponer de moldes de madera que permitan un producto más homogéneo. Con el barro fresco se repasaban los poros más grandes alisando con la mano y se llevaban hasta el secadero para que perdieran la humedad, antes de su cocción en el horno.

En las tejas el tiempo de guisado es más corto que en los ladrillos macizos. La posición y colocación en el interior del horno resulta crítica para obtener un buen resultado y un guisado en toda la carga.

El horno estuvo en activo hasta finales de los años cuarenta 

Según los escasos datos históricos que conocemos de la evolución del horno, la construcción de la estructura puede situarse entre finales del S. XIX y principios del S. XX, en respuesta a la demanda de materiales de obra para construcciones en la zona centro.

El dato concreto que aporta la Memoria de la solicitud es que según fuentes orales la construcción del horno se realizó en la década de los años veinte del siglo pasado, sin que se pueda confirmar esta fecha. La construcción según estas referencias está asociada al maestro albañil D. Manuel de los Santos Naranjo Torres, que lo erigió en los terrenos de D. Joaquín Apolinario Suárez y su esposa Ana Alzola.

Igualmente las fuentes orales señalan que el horno estuvo en activo hasta finales de los años cuarenta del siglo XX, en la que los cambios en los sistemas y materiales constructivos fueron disminuyendo la demanda y el uso de esta infraestructura. La localización del horno en este emplazamiento responde a su estratégica situación junto a la antigua carretera del centro que permitía el tránsito de carretas para el transporte de materiales y productos en este histórico corredor que conectaba las tres vegas con la capital.

La expansión demográfica de finales del XIX y principios del XX, debió servir como motor de la demanda de materiales de construcción. Los ladrillos utilizados como fábrica de tabiquerías y las tejas de empleo generalizado en las cubiertas de inmuebles tradicionales. Quedaría por completar este apartado con recursos documentales que aporten más datos sobre la historia de esta pieza.

El abandono de la actividad en el horno, como consecuencia de la caída de demanda por la entrada de materiales nuevos de construcción, significó su progresivo deterioro. Las diferentes obras de ensanche y mejora de la carretera con la que linda, se han convertido también en un factor de amenaza para su conservación.

Sin embargo, las afecciones más notables se han derivado de los movimientos de tierra que se han producido en los últimos años, en la finca donde se ubica. Movimientos de tierra que han significado que parte de la estructura haya quedado sepultada, lo que unido a la maleza y ausencia de mantenimiento haya hecho que la misma sea menos visible desde la carretera.

En el interior de la cámara de cocción se observan algunas fisuras, al igual que en las losas que coronan la bóveda de la cubierta. Dentro, en el fondo, se acumulan una altura de escombros y sedimentos que impiden que la boca sea visible. Parte de los muros de piedra exteriores presentan también afecciones de pequeños derrumbes.

Por otra parte y por cercanía al viario, se hace necesario introducir elementos que eviten las caídas desde la parte superior del horno, al interior de la cámara, ya que presenta un hueco abierto de unos 2 metros de diámetro con cierto grado de peligrosidad.

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La delimitación del BIC está condicionada por su situación de borde de una carretera insular

Los criterios utilizados para la delimitación del bien de interés cultural tienden a ajustarse a la situación de la estructura del horno, su perímetro inmediato y el del estanque asociado a esta construcción. La delimitación fija espacial y cartográficamente la localización y espacio físico que ocupa la estructura objeto de incoación como Bien de Interés Cultural. La morfología de la pieza de planta circular, al igual que las del estanque vinculado explican, en parte las características de esta propuesta de delimitación.

Esta delimitación del bien de interés cultural está condicionada por su situación de borde de una carretera insular, en cuyo margen se encuentra el bien, que como se puede observar en los planos de este anexo está, en la parte más próxima al viario, a menos de dos metros de la carretera. En este sentido los criterios de delimitación también atienden a la topografía de localización de la estructura, ya que ésta se encuentra encajada en un talud que hace también de borde de la citada vía. El Bien de Interés Cultural ocupa un área de 155,20 metros cuadrados, y tiene un perímetro lineal de 51,70 metros.

 

 
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