Las manos que tapizan las calles
martes, 04 de junio de 2013

ImageSinfo qs  La amalgama de colores que ofrecen las alfombras del Corpus Cristi son un espectáculo muy hermoso, si bien, lo que realmente me encanta es el proceso de su elaboración, en el que las calles son un hervidero de vecinos y vecinas que desde primeras horas de la mañana aúnan esfuerzos, ilusiones y mucho arte para elaborarlas. Hasta en el acopio de material para la confección de las alfombras se nota la crisis, nos comentan algunos de los vecinos: “Trabajito nos costó conseguir el serrín este año, mi niño, porque los pobres carpinteros nos dicen que apenas si tienen trabajo”. Para los chiquillos y chiquillas, las alfombras son el mejor patio de recreo que tienen durante el año, en el que se pueden manchar de pies a cabeza y sus madres o padres, no solo no le dicen nada, sino que se muestran contentas de verlos en esa calle llenos de pintura de arriba abajo. Desde lo que apenas levantan un palmo de suelo, hasta los más veteranos, como Felita, que lleva toda la vida participando en la elaboración de alfombras, que este año que la salud no le ayuda, se sentó a desgranar flores junto a Silvia, una de las más pequeñitas de las artistas. Aida, Lagunera, hija de un Palmero y de una Satauteña Canariona, se vino desde el viernes para meter sus pequeñas manitas en esos baldes de sal tintado, hasta se le ilumina la cara de felicidad, junto con sus primos y demás familia. Porque las alfombras, son un punto de encuentro para la familia, para los amigos, para los colectivos y hasta para los barrios, como el de la Angostura, que lleva varios años elaborando una alfombra enorme que cruza toda la plaza de la iglesia, desde las escaleras de la calle hasta el mismo pórtico de la iglesia. Y como no hay dos sin tres, para veterano otro tinerfeño de Garachico, como es Jacobo, que ya perdió la cuenta de los años que viene diseñando otra enorme alfombra, con tierras y arcillas en la calle,  frente a la centenaria torre de la iglesia que se enfrentó a un devastador incendio a finales del siglo XIX. Al otro lado del Casco, está la gente del Calvario, que no son pocos. Además de las tradicionales alfombras con motivos florales, este año, también optaron por usar arcillas de varios colores para plasmar sobre el adoquinado la silueta de un Jesús de Nazaret sonriente, “que falta nos hace, en medio de estos tiempos de tantas tristezas” nos comentaban satisfechos de la buena mañana que resplandecía.